
Recién pasé por la puerta de una concurrida parrilla ubicada a la vuelta de mi casa y en el grupete de personas que aguardaban su turno para sentarse a devorar alguno de los animalejos que grácilmente hacen arder (ya muertos hace rato, claro) a la vista de todo el mundo, con una iluminación que reíte de las puestas del San Martín, descubrí a uno de los ex-gordos participantes del programa "Cuestión de peso", emitido por canal 13 el año pasado, que esperaba el momento de ingresar al recinto acompañado por una señorita que bien podría ser su esposa, novia, hermana, prima, tutora o encargada.
Pues bien, se me plantearon una serie de interrogantes, que paso a detallar:
¿Qué debería haber hecho? ¿Acaso acercarme y preguntarle, con tonito de maestra de primer grado y el dedo índice señalando su rostro: "No te da verguenza, hacernos creer que vivís a lechuga y agua y ahora que terminó el programa venir a lastrarte todo a cuatro manos"?
O bien decirle: "Querido, ya que hiciste tanto esfuerzo y quedaste en ridículo bailando con Andrea Politti, no tires por la borda meses de sacrificio televisado, recapacitá, pegá media vuelta y adherite al Plan Ser con toda la onda del verano".
O bien: Seguir mi camino, pero llamar de inmediato al 0600-Doctor Cormillot y botonearle todo lo sucedido, sólo por amor al arte del buchonaje y en pos de la salud de uno de sus mediáticos pacientes.
Aclaración: Es cierto que en esta parrilla -como en cualquier otra- perfectamente se puede comer también de forma moderada. Pero bueno, por ahí toda esta cebatina es producto de la emoción de haber reconocido a una nueva (y efímera) star, alumbrada por nuestra querida televisión, apenas a unos escasos metros de mi lugar de residencia.