ermitanga

Al margen pero con estilo

11.25.2006

Composición tema: Los insectos


El improvisado debate planteado en los comentarios de aquí abajo me llevó, luego de arduas deliberaciones, a extraer una conclusión que se caía de madura: la necesidad de discutir acerca de los bichos.
Se me podrá acusar de oportunista: pueden hacerlo y, si lo desean, por el mismo precio, acúsenmeng también de heroinómana, de comechingones o de salir con trabas, que en una de esas hasta salgo en la tapa de la Paparazzi negando todo y mostrando alguna cirugía nueva.
Volviendo al tema que nos trae, aprovecho para comentar con absoluta madurez que mi insecto favorito es la vaquita de San Antonio, animalejo que ya suma un montón de puntos con la sola mención de su nombre, simpático a más no poder. Ni hace falta hablar de su aspecto, muchísimo más simpático aún, que sin ninguna duda se lleva el premio a la buena onda en cualquier competencia bicheril que se precie de tal.
Hace poco me tocó realizar un viaje en un transporte público ubicada detrás de un hombre al que le caminaba uno de estos glamourosos bichines por el sector trasero de su camisa, en la parte cercana al cuello, sin que él se diese la más mínima cuenta. Claro, si las vaquitas de Sanan son una especie tan buena y saludable que se mueven silenciosas y tranquilas, sin que nadie tenga por qué notar su actividad, ni mucho menos molestarse por ello. La cuestión era que de repente la perdía de vista, o me concentraba en otra cosa y volvía a mirar la camisa de este hombre, creyendo que la vaquita se había marchado buscando nuevos horizontes, pero ella siempre volvía a aparecer: en el sector del hombro izquierdo, atravesando el derecho, o camina que te camina por alguna de las mangas. Así fue durante el largo viaje, provocando en mí una sana envidia por ese hombre, signado seguramente por la buena suerte durante vaya uno a saber cuánto tiempo, a causa del silencioso trabajo de aquella vaquita que él jamás hubiese descubierto de no haber sido por una inoportunísima buchona que subió al bondi y no tuvo otra infeliz ocurrencia que la de "avisarle" al hombre en cuestión:
- Señor, tiene una vaquita de San Antonio en la camisa.
Qué necesidad de arruinarlo todo que tiene alguna gente, por favor. En fin. Sólo resta agregar que no soy de aquellas personas a las que les molesta soberanamente la existencia de algunos bichos, o directamente les tienen fobia, sino que en general me resultan todos bastante amigables. Con la gran excepción, claro, de unos horrendos animales que no son son insectos pero sí me generan un rechazo similar al de esta gente, y me permite comprenderlo. No voy a nombrarlos ni aunque me amenacen con quitarme el mate de las mañanas o mi gel de ducha con aroma a cítricos, pero puedo tirar algunas claves como que recorren las ciudades por debajo, moviendo sus horrendas patitas por cañerías y sótanos subterráneos, pero eso es un tema sobre el que preferiría no explayarme demasiado, más que nada para no opacar el brillo de la amigable vaquita de San Antonio (vaya uno a saber a qué miércoles viene lo de vaquita), amoroso bichito de la suerte.

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